La historia de Troya comienza con la Ilíada de Homero, cuando Troya tan sólo era una ciudad literaria, una ciudad mítica. Sin embargo, existen rastros de Troya en distintos escritos de la antigüedad. Troya es mencionada por los hititas en el siglo XIII a.C., e incluso por Herodoto, el gran historiador griego. Durante toda la Antigüedad y la Edad Media La Iliada fue vista como un relato verídico. Recién durante la Ilustración que comenzó a poner en duda la veracidad de la literatura homérica. Sin embargo, nunca hubo una opinión unánime sobre el grado de veracidad del relato de Homero.
No fue hasta el siglo XIX, con el gran desarrollo de la filología que se dio sobretodo en Alemania, que Troya dejó de ser un mito para la Modernidad. Heinrich Schliemann descubrió, en 1870, las ruinas de Troya teniendo como guía el texto homérico.
Schliemann nació en Neubuckow, actualmente Alemania Oriental, en 1822. Schliemann poseía una gran fortuna que le permitía dedicarse a sus inclinaciones literarias, de las cuales la Ilíada era la principal. Homero en su texto, había señalado con precisión la ubicación de Troya: estaba en la llanura del río Escamandro.
En 1868 Calvert, un aficionado inglés a la arqueología, se encontró casualmente con Heinrich Schliemann. Schliemann, como la mayoría de los historiadores de la época, pensaba que Troya se hallaba en la colina de Bunarbashi. Sin embargo, Calvert convenció a Schliemann de que Hissarlik era un emplazamiento mucho más probable para encontrar Troya.
Con un grupo de ochenta trabajadores, Schliemann comenzó su búsqueda. Excavó en primer lugar una gran trinchera en la ladera septentrional de la colina de Hisarlik. Entontró bajo la superficie un conjunto de restos de ciento cincuenta metros de anchura. Continuó cavando durante dos años, hasta que finalmente encontró un estrato con indicios de haber estado sometido al fuego y la destrucción. Llegó a la conclusión de que había encontrado la Troya de Homero.
Actualmente, los arqueólogos piensan que es muy probable que Hisarlik fuera el lugar en que se construyó Troya y que la ciudad fuera destruida no menos de nueve veces en el transcurso de cuatro mil años de ocupación. En su afán literario de profundizar y encontrar restos de la época homérica,
Schliemann destruyó muchos de los estratos más profundos en el transcurso de sus excavaciones.
Animado por su éxito en Troya, se trasladó a Micenas. Schliemann excavó junto a los muros de la antigua Micenas y tumbas de diecinueve personajes, que inmediatamente vinculó a la familia de Agamenón. Entre ellos se encontraban tres hombres con armaduras y máscaras de oro.
Schliemann creyó que una de las máscaras funerarias de oro encontradas pertenecía al propio Agamenón.
Se dice que existe una gran afinidad entre el mundo griego antiguo y el mundo de la lengua alemana. Esta afinidad se manifiesta por ejemplo en Goethe, el escritor alemán por excelencia. En este sentido podríamos pensar que Schliemann fue aquel hombre capaz de materializar esa afición por la lectura en un hecho real.
Mercedes Coll